La preocupación por la salud humana y los factores que pueden influir en ella han hecho que desde los años 60, y sobre todo desde finales de los 70, se hayan llevado a cabo multitud de estudios sobre si los campos eléctricos y magnéticos generados por las instalaciones eléctricas suponen algún tipo de riesgo para la salud. Las investigaciones sobre los efectos biológicos de los campos electromagnéticos han generado más de 25.000 artículos científicos (según datos de la Organización Mundial de la Salud) lo que posiblemente les convierte en el agente más estudiado de la historia. Estos estudios se han desarrollado principalmente en dos ámbitos: epidemiológico y biofísico.
La epidemiología estudia, aplicando métodos estadísticos, si existe algún tipo de asociación entre un determinado agente y una enfermedad: se compara la incidencia de la enfermedad en grupos de personas expuestas al agente y grupos de personas no expuestas.
Los estudios epidemiológicos realizados durante los últimos años concluyen de forma categórica que los campos eléctricos y magnéticos generados por las líneas eléctricas de alta tensión no suponen un riesgo para la salud pública; en particular, no incrementan el riesgo de ningún tipo de cáncer
A pesar de los exhaustivos estudios llevados a cabo no se ha descubierto un mecanismo biofísico de interacción que pudiera explicar cómo unos campos de tan baja frecuencia e intensidad como los generados por las instalaciones eléctricas podrían producir efectos nocivos a largo plazo (enfermedades) en los seres vivos.
Los únicos efectos conocidos y comprobados de los campos eléctricos y magnéticos de frecuencia industrial son los efectos a corto plazo, que van desde simples molestias como cosquilleos en la piel o chispazos al tocar un objeto expuesto hasta contracciones musculares; aunque siempre con niveles de campo muy superiores a los generados por las instalaciones eléctricas.
En cuanto a las posibles afecciones a la salud, la experimentación biológica en el laboratorio, ya sea in vitro exponiendo células y tejidos en cultivo a la acción de los campos o in vivo sobre organismos completos, ha descartado también la relación con el proceso carcinogénico, respuesta inmunitaria, fertilidad, reproducción y desarrollo, alteraciones del sistema cardiovascular, comportamiento, estrés,etc.
En definitiva, se puede afirmar rotundamente que los campos electromagnéticos de frecuencia industrial no dañan de forma directa el material genético de las células (ADN) y por tanto, no producen malformaciones o cáncer.